Oxitocina, la hormona del afecto
( Creces, 2010 )

La hormona del parto y la lactancia. Pero ahora se ha descrito que también es un neurotransmisor, que actuando en el área de las emociones (amígdala), estimula la afectividad, la generosidad, la confianza y el cariño. No queda sino darle la bienvenida.

Se trata de un péptido formado por nueve aminoácidos, que es sintetizado por neuronas del hipotálamo. Durante el parto, actúa como hormona, dilatando el cuello del útero y luego las contracciones del mismo, para más tarde actuar sobre la glándula mamaria induciendo la producción de leche. Pero en condiciones normales, en los últimos años se ha ido describiendo otra función dentro del cerebro. Allí es un neurotransmisor y actúa en el área de las emociones, con lo que se ido ganando el nombre de “molécula del amor”. Se ha relacionado con los patrones emocionales sexuales y con la conducta maternal y social.

Cuando se administra como droga por vía endovenosa, y se logra que una pequeña cantidad atraviese la barrera hemato-encefálica, produce una sensación de tranquilidad, un incremento de la confianza y estados de ánimo positivos, predisponiendo a la generosidad y a la colaboración. Estimula la afectividad y el cariño entre madre e hijo. También se atribuye a su acción el sentimiento de amistad que se despierta entre las personas y hasta el amor en los enamorados.

Para su acción hormonal, migra desde el hipotálamo, lugar donde se produce, hasta la glándula “hipófisis posterior” (neurohipófisis), donde se deposita formando grandes vesículas. Al final del embarazo, por vía sanguínea, actúa sobre algunos tejidos periféricos, como el útero y las glándulas mamarias. En el útero actúa iniciando la dilatación del cuello uterino, para continuar posteriormente sobre la musculatura uterina, estimulando la necesaria concentracción de este órgano para la expulsión del feto. A nivel de la glándula mamámria induce la producción de leche. La succión del pezón por el lactante, es el estímulo que se trasmite por los nervios espinales hasta el hipotálamo y como respuesta sus neuronas fabrican más oxitocina.

A nivel central, como neurotransmisor, migra desde el hipotálamo hacia la región de la amígdala (sistema límbico que controla las emociones), donde es reconocida por receptores específicos, produciendo diversos efectos emocionales. Por esta misma vía, después del parto, la oxitocina despierta el apego de la madre hacia el recién nacido. En resumen la oxitocina actúa en forma diferente a dos niveles; en el cerebro, como un neurotransmisor, produciendo diversas sensaciones emocionales y en el tejido periférico, como hormona, actuando durante el embarazo sobre la musculatura uterina y la glándula mamaria.


Hasta donde ha llegado la investigación


En 1909, Henry Dale farmacólogo inglés observó que una substancia extraída del cerebro humano era capaz de causar contracciones uterinas en gatas preñadas. En 1973 se pudo conocer la estructura molecular de la oxitocina, que estaba formada por una cadena de nueve amino-ácidos, con lo que fue posible sintetizarla y usarla en clínica. Basándose en este efecto, comenzó a ser usada en el embarazo cuando se requería lograr contraer la musculatura uterina. Luego se comprobó que también actuaba sobre la glándula mamaria, estimulando la producción de leche. Fue mas tarde cuando se comenzó a pensar que la oxitocina no sólo era una hormona, sino también un neurotransmisor que actuaba a nivel central. Se comprobó que en condiciones normales, era producida por las células nerviosas del hipotálamo y que desde allí migraba al sistema límbico del placer, donde era detectada por receptores específicos. Ello despertó un enorme interés, que se tradujo en un incremento notable de las investigaciones relacionadas con las emociones. Pero fue el trabajo de Sue Carter, de la Universidad de Maryland, el que específicamente marcó un hito, al comprobar su intervención en el comportamiento animal. Para llegar a comprobarlo, Carter aprovechó el comportamiento social muy diferente de dos especies de “voles” (ratones de campo que habitan en Estados Unidos y Canadá) durante sus etapas de procreación. Una especie que vive en las praderas y otra en las montañas. Observó que los voles de las praderas (Microtus ochrogaster) era un especie de animales con fuertes características sociales, que tenia un comportamiento reproductivo muy diferente a los voles de las montañas (Microtus montanus). Los voles de las praderas, para reproducirse, formaban parejas estrechamente unidas, en que ambos padres se responsabilizan de las crías y de sus cuidados durante todo el proceso de crecimiento y desarrollo. En cambio los voles que vivían en las montañas, tenían un comportamiento muy promiscuo y el padre no contribuían en nada al cuidado de las crías, ni tampoco manifestaban apego a la pareja. Carter descubrió que la clave de este tan diferente comportamiento, residía en la oxitocina. Las hembras de la pradera tenían en el centro del placer (en la amígdala), una gran cantidad de receptores para la oxitocina. También los machos tenían receptores para oxitocina y vasopresina (eta última es una hormona de estructura química muy parecida a la oxitocina).En cambio, los voles de las montañas, tanto las hembras como los machos, tenían mucho menos receptores, ya sea para l oxitocina, como la vasopresina. Observó que si en los voles de las praderas, bloqueaba los receptores de oxitocina, los padres dejaban de formar parejas estables y se volvían promiscuos, al igual que los voles de las montañas. Con estos resultados, Carter concluyó que era la liberación de oxitocina en el cerebro la que producía el comportamiento de atracción entre la pareja, con su estabilidad, que perduraba durante todo el tiempo de crecimiento de la cría (Psychoneuoendocrinology, vol. 23, p 779)

Posteriormente, trabajos de Larry Young de la Universidad de Emory, demostraron que la oxitocina era la que inducía en la madre una atracción por sus hijos, y que además su efecto se reflejaba también en su comportamiento familiar y social. Por otra parte, en experiencias realizadas en ratas, al bloquear la oxitocina, se observaba un cambio en el comportamiento de la madre, la que dejaba de alimentar a las crías, al mismo tiempo que esta perdía la capacidad de reconocer a los familiares de su especie. “Los animales sin la oxitocina quedan en presencia de una verdadera amnesia social”, afirmó Young después de esta experiencia. Es que la oxitocina produce en el cerebro un nexo entre el contacto social y el placer. En su ausencia las especies sociales pierden cohesión y dejan de actuar coordinadamente. Lo interesante es que también en los humanos, la oxitocina juega un rol semejante. “Ella es el pegamento de la sociedad”, ha dicho Paul Zak, director del Centro de Estudios Neuroeconómicos en Claremomt, California. El y sus colaboradores han demostrado que la administración de oxitocina hace que las personas tengan actitudes más generosas, lo que se ha determinado mediante diferentes tests de juegos que miden los grados de colaboración, y confianza mutua de los diferentes participantes. (Nature, vol. 435, pág. 673). De algún modo la oxitocina reduce los temores, la desconfianza y el estrés. Pareciera que ello se debe a su acción sobre la región de la amígdala en el cerebro. En el estudio de imágenes cerebrales, se puede observar que la oxitocina activa el área que procesa las respuestas emocionales. (Biological Psychiatry, vol. 62, pág. 1187)

Su uso terapéutico

Los numerosos trabajos desarrollados con diferentes animales, han demostrado una estrecha conexión entre el contacto social y la sensación de placer y bienestar, lo que ha llevado a ensayar la oxitocina en el tratamiento de enfermedades mentales en las que se altera la sociabilidad y la empatía. En este sentido el enfermo más necesitado, es el autista que se caracteriza por la ausencia de contacto social y una aversión al contacto humano, además de sufrir de comportamientos estereotipados, consistentes en movimientos repetitivos y oscilatorios.

Eric Hollander de la Escuela de Medicina del Hospital Mount Sinai, en Nueva York, ha estudiado el efecto de la administración endovenosa de oxitocina a paciente autistas adultos. Ha observado que mejoran sus habilidades para reconocer en el tono de las personas que le hablan, las manifestaciones de felicidad o enojo. Una sola inyección, produce un efecto que dura hasta dos semanas. (Biological Psychiatry, vol.61, pág. 498). También encuentra que la administración de oxitocina incrementa su habilidad de reconocer caras e interpretar las expresiones emocionales. En investigaciones anteriores había observado que cuando los autistas ven caras, en ellos se activaban las áreas cerebrales en las que normalmente se reconocen objetos inanimados. Pero si le administra previamente oxitocina intravenosa, se comienzan a activar las áreas que normalmente se activan al reconocer caras, es decir, la región del giro fusiforme. Del mismo modo la oxitocina logra reducir sus comportamientos repetitivos. A ello hay que agregar que en otras experiencias se ha observado que niños autistas, ausentes del contacto social, presentan niveles bajos de oxitocina en la sangre. (Biological Psychiatry, vol.43, pág. 270). Por otra parte, se ha asociado el riesgo de desarrollar autismo con alteraciones del gene de la oxitocina (Biological Psychiatry, vol. 58, pág. 74).

Hasta ahora Hollander ha ensayado la oxitocina sólo en enfermos autistas adultos, pero cree que su efecto puede ser mayor en niños en los que se ha diagnosticado precozmente el autismo, ya durante los primeros períodos de la vida. En ellos parece que la oxitocina jugaría un rol importante, actuando durante las etapas del desarrollo cerebral, facilitando la conexión de las caricias del contacto social con la calma y el placer. Así por ejemplo, ratas que reciben muchas caricias de sus madres quedan más capacitadas para responder al estrés social, lo que coincide con que en ellas se encuentran además niveles altos de oxitocina en ciertas regiones del cerebro. Lo opuesto se observa en ratas que no reciben caricias de sus madres, en que esos mismos niveles son más bajos. A esto dice Zak, hay que agregar lo que se observa en las crías abandonadas por sus madres, a las que se les atrofian los receptores de oxitocina cerebral. Lo mismo se ha observado en monos recién nacidos que han sido abandonados por sus madres.

En humanos es muy claro el efecto de la oxitocina en el apego madre-hijo que se produce después del parto. Lactantes que sufren abandonos graves pueden llegar a presentar síntomas indistinguibles del autismo. En un estudio realizado en el 2005 con niños de pocos meses de edad que habían vivian en los orfanatos de Rumania, presentaban niveles más bajos de oxitocina en relación a los que habían tenido la suerte de haber sido adoptados. (Proccedings of the National Academy of Science, vol.102, pág, 17237). Por ello se ha pensado ensayar la oxitocina en la recuperación de niños con desadaptaciones sociales como consecuencia de abandono o maltrato durante los primeros períodos de la vida, o en alteraciones de personalidad con actitudes antisociales, en depresiones o sicosis paranoicas con temores extremos hacia otras personas.

También se ha pensado en patologías sexuales, como disfunciones erectiles, ya que Zak ha notado que el 25% de los voluntarios masculinos a los que ha administrado oxitocina durante sus ensayos, han experimentado erecciones, mientras que Meyer Jackson de la Universidad de Wisconsin, Madinson, ha encontrado que el Viagra afecta los niveles de oxitocina (Journal of Physiology, vol. 584, pág. 137). A ello hay que agregar la observación que durante el orgasmo, se liberan grandes cantidades de oxitocina, tanto en el hombre como en la mujer. Por ello se han planteado varios trabajos que relacionan el Viagra con la oxitocina.

Siendo la oxitocina un polipéptido que se produce dentro del cerebro, y que desde allí parece actuar en los diferentes estados emocionales, se plantea la duda si la administración endovenosa es la más adecuada para estudiar sus efectos. Algunos consideran que no mas del 10% de la oxitocina que se usa como “spray” intranasal alcanza el cerebro y que cuando se administra por vía endovenosa, es aún un menor el porcentaje que logra atravesar la barrera hematoencefálica. Mal entonces se puede deducir cual es su verdadero efecto. Por ello algunas empresas farmacéuticas están tratando de encontrar moléculas más pequeñas que puedan atravesar más fácilmente al cerebro y actuar con más eficiencia sobre los receptores de la oxitocina. Mientras tanto la industria farmacéutica está también buscando un “agonista” de la oxitocina, pero no han anunciado nada todavía. El mercado para una molécula que una el sexo y el amor, estaría asegurado.


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