Epílogo triste en Chernobyl
( Publicado en Revista Creces, Enero 1987 )

El tratamiento de los 35 trabajadores de seguridad y rescate afectados por la radiación en la planta de Chernobyl ha dejado importantes enseñanzas a pesar de los magros resultados obtenidos.

Semanas después de ocurrida la explosión en Chernobyl viajaron a la URSS el Dr. Robert P Gale y otros dos colegas del Departamento de Medicina, División de Hematología y Oncología de la Universidad de California, Los Angeles, EE.UU., y el Dr. Yair Reisner, del Instituto Científico Weizmann, Israel, con el fin de someter a trasplante de médula ósea a las 13 personas (fundamentalmente bomberos y funcionarios de la planta) que estuvieron más expuestos a los efectos de la radiación. Siete de ellos fallecieron corto tiempo después de trasplantados no por rechazo celular, sino por el avanzado estado de deterioro en que se encontraban. La falla se debió fundamentalmente a que el daño gastrointestinal provocado por la radiación, agregado a las quemaduras, empeoraron su condición.

Los seis restantes resultaron inicialmente exitosos y así lo comentó Gale en la reunión de la Sociedad de Hematología ocurrida en Buffalo, N. York, en agosto de 1986. Lamentablemente, a las pocas semanas cuatro pacientes rechazaron el trasplante y los otros dos fallecieron por causas aún no aclaradas.

Resulta interesante analizar, de todos modos, el punto de vista de la Agencia Internacional de Energía Atómica, AIEA, respecto de lo que -a juicio de los expertos- fue la actuación que le cupo a los equipos médicos soviéticos en los instantes inmediatamente posteriores al accidente. En la opinión del Dr. Roger Berry, oncólogo del hospital de Middlesx, la atención brindada por esos especialistas en los instantes posteriores a la explosión fue todo lo eficiente que las circunstancias lo requerían. A las cuatro horas de ocurrido el siniestro había cuatro equipos médicos cubriendo el área. En dos días los sujetos más expuestos a la radiación y en mayor riesgo fueron distribuidos en hospitales especializados. La primera víctima falleció cinco horas después de la explosión, debido a severas quemaduras. En un plazo de horas; luego del accidente se distribuyeron pastillas de yodo a todas las personas presuntamente expuestas y a toda la población del vecino pueblo de Pipyat.

Los equipos médicos soviéticos pusieron mucho énfasis en los síntomas tempranos que causa la radiación como dolores de cabeza, vómitos o diarreas. Los métodos biodosimétricos usados fueron, a juicio de la AIEA, muy adecuados y en términos generales estos especialistas salvaron a todos los pacientes que tuvieron la oportunidad de sobrevivir.


Problemas de medúla

El especialista israelí viajó desde Tel Aviv a Moscú con un instrumental y equipo médico avaluado en 40.000 dólares y trabajó asesorando a sus tres colegas norteamericanos y otros tres soviéticos en las 19 operaciones realizadas en el Hospital Municipal N° 6 de Moscú. Su tarea consistió en supervisar la aplicación de una técnica desarrollada por él junto a su colega Dr. Nathán Sharón que permite mejorar las posibilidades de éxito en la cirugía practicada a estos pacientes. Mediante ella se ayuda a superar uno de los más peligrosos obstáculos en las operaciones de trasplante de médula ósea, la que se inyecta en el paciente una vez obtenida de un donante compatible (un pariente directo u otra persona de compatibilidad medular idéntica). Puede darse el caso que el paciente rechace los tejidos nuevos, del mismo modo que un corazón o un riñón trasplantados pueden sufrir rechazo. También puede ser que la médula rechace al paciente, complicación médica conocida como "ataque del injerto al paciente" (AIP), el que puede ser fatal.

Reisner, biofísico de 38 años de edad (en la foto), desarrolló luego de largo trabajo en el Instituto Weizmann un método para evitar el peligro del AIP. Su técnica consiste en mezclar la médula ósea del donante con un extracto de semilla de soya (soja) denominado tectina, que tiene la propiedad de unirse a los linfocitos. Estos son cierto tipo de glóbulos blancos o leucocitos especializados en reconocer como extraños a los tejidos del paciente y destruirlos. Las letales son entonces separadas del resto de la médula por centrifugación de tal modo que el resto de la médula ósea a ser trasplantada queda libre de ellas y no puede reconocer la disparidad genética y -por lo tanto- no resulta peligrosa. Este proceso de separación de las células es considerado esencial actualmente en las operaciones de trasplante de médula ósea.


Enseñanzas

Una de las lecciones más importantes del desastre de Chernobyl fue, según lo indicó Reisner, la necesidad de clasificar y registrar el tipo genético de la médula ósea de todas aquellas personas que trabajan en estaciones nucleares o que realizan tareas vinculadas con el riesgo de la exposición a fuentes radiactivas. La radiación mata rápidamente los glóbulos blancos de la sangre, necesarios para determinar el tipo de donante requerido. Cuando el equipo norteamericano-israelí llegó a Chernobyl, varios de los pacientes no pudieron obtener su clasificación genética porque sus glóbulos blancos habían sido completamente destruidos. Por otra parte, dijo el especialista, los donantes potenciales de médula ósea deberían ser localizados y clasificados a fin de ubicarlos rápidamente en caso de accidentes que requieran trasplantes urgentes de médula.



Para saber más


1. Chernobyl, catástrofe de proporciones. CRECES 6, 7, 32.

2. Chernobyl, significado de un desastre. CRECES 8, 7, 48-50.

3. Aspectos médicos de radioprotección a propósito de Chernobyl. CRECES 10, 7, 33-36.


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