Avances en el tratamiento del infarto
( Publicado en Revista Creces, Junio 1984 )

La cirugía, la bioquímica y la farmacología trabajan febrilmente para combatir y reparar los daños arteriales, pero el mejor remedio lo puede anticipar el propio paciente: evitar o reducir el colesterol en la dieta y luego en la sangre.

Emilio Figueroa, 54, casado, abuelo, próspero comerciante y gran comedor, almorzaba siempre en un conocido restaurante. Allí arreglaba sus negocios entre aperitivos y bajativos, con varios cigarrillos entre medio y exquisitos platos. En el control médico que se había efectuado le encontraron su colesterol elevado. Súbitamente, sintió un fuerte dolor en el área del corazón. Se puso pálido y no podía respirar. Transpiraba muy frío. Rápidamente fue llevado a la posta, donde el diagnóstico fue "Infarto". De allí se le envió a la unidad de cuidados intensivos. Se recuperó, pero después de muchos exámenes, decidieron hacerle una operación de desviación de una arteria o "by pass". Ahora está bien pero ha tenido que cambiar su vida. No más cigarrillos, no más comidas grasas, no más huevos fritos. Toma medicamentos y su colesterol es normal, la verdad es que se escapó por un pelo. Muchos otros han sucumbido al primer ataque o llegaron demasiado tarde para realizar operaciones.

Al ataque cardíaco se le llama técnicamente "infarto del miocardio", y se produce cuando se ocluye una de las arterias que irrigan la pared del corazón. No llega la sangre a ese trozo de músculo y éste falla en su función de bombear la sangre. De allí el tremendo dolor, que produce náuseas, sudor frío y dificultad respiratoria. Si el compromiso del corazón es muy intenso, termina con la vida del paciente.

Tres pueden ser las causas del infarto, que suman efectos: un depósito de grasa (colesterol) que llega a ocluir la arteria; espasmos de la arteria que se contrae y disminuye la irrigación, o un coágulo sanguíneo que se suma a la obstrucción. Durante los últimos años, se ha aprendido mucho cómo tratar los pacientes; una dieta adecuada y ejercicios - entre otras cosas - ayudan a prevenir el riesgo.

Los medicamentos se han convertido en un elemento fundamental tanto para el tratamiento como a la prevención. Con ellos se puede bajar la presión disminuir el colesterol sanguíneo, dos de los mayores factores condicionantes del infarto. Con ellos también se puede aumentar la cantidad de sangre que irriga el corazón o disminuir su taquicardia (velocidad aumentada de las contracciones cardíacas). Las operaciones by pass han salvado muchas vidas: consisten en injertar un nuevo trozo de arteria y saltarse así - como un puente- el pedazo obstruido. Ultimamente se han utilizado catéteres que se introducen en la arteria. Ellos están provistos de un balón inflable que permite ir abriendo el lumen de la arteria, presionando las placas formadas contra la pared de la misma.

Otro procedimiento reciente es un catéter que en su punta puede disparar un rayo láser. Se llama "angioplastía láser". El catéter se introduce por la arteria del brazo y se va guiando hasta entrar a la arteria coronaria cuando se encuentra con el tapón, dispara un rayo láser que licúa el obstáculo y restablece el flujo sanguíneo. Hasta ahora han sido tratados pocos pacientes con este procedimiento, pero se piensa que puede llegar a reemplazar la intervención quirúrgica.

Estos procedimientos no dejan de ser difíciles y complejos. Uno más simple que se está utilizando actualmente es el uso de drogas para licuar el tapón. Igual que el procedimiento descrito, hay que introducir un catéter por la arteria hasta llegar al sitio de la obstrucción. Si el causante es un coágulo (que es una complicación muy frecuente en los pacientes que tienen ateroesclerosis), se inyecta por el catéter "estreptoquinasa", una enzima que lo disuelve. El problema está en que el paciente tiene que llegar en el momento oportuno para que el tratamiento tenga éxito. Ello no siempre ocurre. Otra alternativa es inyectar la estreptoquinasa por vía endovenosa, lo cual requiere de una dosis mucho más alta y tiene el inconveniente que interfiere en el proceso normal de la coagulación, lo cual puede producir hemorragias.

Desde hace poco se usa una nueva droga para disolver el coágulo. Es el "activador del plasminógeno del tejido" (t-PA), versión sintética de una enzima que existe normalmente en el organismo. La enzima estimula la disolución de coágulos que se forman constantemente, aun en sujetos sanos. La droga tiene la gran ventaja de no afectar el proceso de la coagulación. También puede utilizarse en los ataques cerebrales, restableciendo la circulación y disminuyendo al mínimo el daño del sistema nervioso afectado.

A veces el infarto se complica, por el espasmo de la arteria obstruida, lo que restringe más aun el flujo de sangre. Para contrarrestarlo se usa otro grupo de drogas, denominadas "bloqueadores del calcio luminal". Por una parte ellas reducen la demanda de oxígeno del músculo cardíaco y por otra, aumentan el flujo de sangre, impidiendo que se contraigan las arterias.

Todas son nuevas posibilidades para el angustiado paciente que llega a sufrir un infarto. Pero mejor es prevenirlo. Reducir el colesterol es una de las formas.


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