Dejen a los bosques nativos incendiarse
( Publicado en Revista Creces, Julio 1997 )

Suprimir los incendios espontáneos de bosques naturales puede hacer más daño que apagarlos. El servicio de bosque de U.S.A., ahora prefiere dejarlos tranquilos.

Toda una generación americana ha crecido conociendo las caricaturas del Oso Smokey, vestido con el uniforme de guarda bosques y provisto de una pala, y recordando al público que sea cuidadoso con el fuego en los bosques. Con su voz profunda, en los avisos de televisión, advierte: "sólo tu puedes prevenir los incendios forestales".

En el año 1996, U.S.A. tuvo los más grandes y extensos incendios de bosques de los últimos 20 años. Más de 90.000 incendios arrasaron 3 millones de hectáreas. A pesar de ello, el Servicio de Bosques, no desea intensificar la campaña de Smokey. Tanto científicos como ambientalistas, creen que esta campaña ya no es apropiada. Ahora quieren iniciar una nueva campaña, que no sólo dejen a los incendios naturales de los bosques nativos que se desarrollen por sí mismo, si no incluso iniciar ellos mismos algunos incendios. Todo ello con el objetivo de mejorar la salud del bosque.

Por años los encargados de los bosques estatales han tratado de combatir los incendios provocados por campistas descuidados o por los rayos. Pero como cruel ironía, esta política ha llevado a resultados opuestos a los que se pretendía. Muchos bosques hoy día están enfermos, y ciertas especies de plantas y animales, cuyo hábitat dependía de incendios periódicos, ha desaparecido. Los incendios naturales que suceden regularmente, destruyen la vegetación del piso, sin llegar a dañar los árboles más viejos. Pero ahora los bosques están tan tupidos de árboles, por la vegetación basal y por árboles pequeños, que cualquier incendio se convierte en un infierno y destruye todos los árboles y al mismo tiempo esteriliza el suelo.

Según Jerry Williams del Servicio de Bosques de la región Norte de U.S., con sede en Missoula en Montana, dice que "se ha cometido un error al haber montado un ecosistema dentro de una cascara de nuez, llena de pequeños árboles, que se destruye totalmente con cualquier incendio".


No más héroes

Recientemente el Servicio de Bosques aprobó una nueva política para el manejo de incendios, llamada "Fire 21". Por ella se recomienda a quienes manejan los bosques dejar que el incendio evolucione por si mismo, si ellos consideran que esto va a ser beneficioso para la salud del bosque.

La nueva política elimina la condición de combatir eI fuego, sólo para proteger una propiedad privada, como puede ser una cabaña. También pone término al axioma "10 a.m.", que manda que todos los fuegos deben controlarse a las 10 de la mañana, a contar de la mañana que éste ha comenzado. Esto significa una disminución del número de heroicos "saltadores de humo" enviados al interior de los bosques para combatir las llamas. Paradojalmente se estima que estos combatientes intensivos de los años previos, al menos en parte son culpables por las devastaciones observadas con los incendios del verano del año de 1996.

Ya desde los años 1970, algunos miembros del Servicio Forestal, defendían a los incendios espontáneos como un mecanismo útil para mantener los bosques saludables. Del mismo modo, también muchos forestales sostenían que los incendios provocados por rayos, eran útiles, por cuanto ayudaban a los árboles grandes a crecer en forma saludable. Sin embargo estas opiniones eran ignoradas. Pero ya el cambio de estrategia se estaba iniciando en el año 1988, cuando 248 incendios destruyeron 300.000 hectáreas del Parque Nacional Yellowstone. En esa ocasión, los guardabosques permitieron que muchos incendios evolucionaran sin intervención, la que provocó grandes críticas en los medios de comunicación, en la medida que se conocía la extensión de los daños.

"Los medios fueron irresponsables" dice Reed Noss, un biólogo conservador de la Universidad del Estado de Oregon, y editor del diario "Conservation Biology". "Ellos lo presentaron como una catástrofe, como un desastre, pero no fue sino un acontecimiento natural que ocurre cada 200 a 300 años". En definitiva el incendio produjo un gran rejuvenecimiento del bosque y después de un par de años, Yellowstone se veía mejor que nunca.

Los bosques de los Estados Unidos, han evolucionado con el fuego. Antes que llegaran los europeos a América, los fuegos se dejaban evolucionar solos. Los indios nativos, muy a menudo los provocaban para limpiar terrenos o para manejar animales durante sus cacerías. Con el correr de los años, los incendios fueron suprimidos y con ello cambiaron muchos hábitats. Así, por ejemplo, el pino Ponderosa, antiguamente acostumbraba a crecer en grandes espacios, ahora se ven amenazados. Hoy muchos bosques se han densificado demasiado con árboles y demasiada vegetación basal.

Cuando los hábitats cambian tan drásticamente, también sufren otras especies. Algunos árboles como pinos, realmente necesitan del fuego para su reproducción. En ellos sus conos se abren sólo cuando han sido chamusqueados, y sus semillas germinan en el suelo cuando en este, temporalmente se ha eliminado la competencia.

En un trabajo reciente de Mark Leach y Thomas Givnish de la Universidad de Wisconsin en Madison (publicado en Science, 1996), señala que la supresión de los incendios, debido a barreras como caminos, ferrocarriles u otros hechos a propósito por el hombre, es la principal razón porque se ha perdido un tercio de las diferentes especies vegetales nativa en las praderas de Wisconsin. Muchas de éstas eran plantas pequeñas, que no pueden sobrevivir en áreas de densa vegetación. Ellas necesitaban del fuego para mantener un hábitat abierto. Según Leach, "la interrupción de los incendios a menudo ha sido la causa que se haya erosionado la biodiversidad en diversas partes del mundo".


Limpiando

Los ambientalistas, señalan que no basta la simple adopción de una nueva política de manejo de incendios. "Es si un buen índice", dice Noss, "Pero no es suficiente". Él señala que en los bosques se ha acumulado un enorme volumen de madera, y que no debe el Servicio Forestal simplemente dejarla que se queme. Ello llevaría a incendios extraordinariamente peligrosos que todos están tratando de impedir. Lo que se necesita, dice él, es una forma de raleo y limpieza mecánica para sacar la base inflamable de ramas y árboles jóvenes. Sólo después que se haga esto, puede pensarse en dejar a los incendios solos y así prevenir el daño de grandes incendios que dañen y destruyan a los grandes árboles.

Para el año 2005, el Servicio Forestal espera comenzar un programa para tratar 1.3 millones de hectáreas anuales de bosques, mediante una combinación de raleo, limpieza mecánica y manejo del fuego. Es presumible que en los círculos de Gobierno haya objeción por los costos de este ambicioso proyecto. Los defensores de esta nueva estrategia, señalan que el Gobierno parece estar dispuesto a pagar cualquier cantidad de dinero para combatir los incendios cuando estos ya han comenzado. Es así como en el año 1994 el combate de los incendios costó 800 millones de dólares y en 1997, los cálculos señalaron un costo de 1.000 millones para igual propósito. En cambio, señalan ellos, el mismo Gobierno es muy mezquino cuando se trata de trabajos preventivos. El Congreso no se convence, si no ve el drama de los incendios ya fuera de control.

La industria maderera tiene una solución: desean cortar más árboles. En una conferencia de prensa llevada a cabo en 1996, en plena temporada de incendios, el presidente de la American Forest and Paper Association, Henson Moore culpó a la burocracia del gobierno y al extremismo ambiental, por impedir la corta de árboles, que son un evidente peligro para la salud del bosque. El señaló: "Nuestra comunidad forestal profesional, está completamente de acuerdo que se necesita una acción agresiva en este sentido".

Moore afirmó que el aumento en los incendios de bosque nativo, son el resultado directo de no haber permitido los cortes en la madera en los últimos años. En el año 1995 en respuesta a la crisis de salud de los bosques, el Congreso pasó una Ley que permitió temporalmente a las compañías madereras sobrepasar las regulaciones ambientales y cortar árboles que estuvieran en zonas de inminente riesgo de incendio o enfermedad. Según Moore, ese verano los incendios espontáneos demostraron la necesidad de la legislación permanente que hiciera más fácil cortar árboles antes que se quemaran. Claro que los ambientalistas estuvieron en contra. Robert Peters un biólogo conservador, junto con un grupo de Defensores de la Vida Silvestre señaló: "Un montón de soluciones que se han propuesto para manejar el problema, van a incrementar el riesgo de incendios". Él sostenía además que las industrias madereras iban a cortar árboles saludables e iban a dejar los que ya estaban muertos, además de los deshechos. El afirmaba que las áreas que se han explotado, son más vulnerables que las no explotadas.

Williams sugiere que el Servicio Forestal debiera tratar de financiar el trabajo por si mismo. Ellos ya tienen experiencia en convertir los restos de los bosques en chips. La venta de los chips puede ayudar a financiar los costos de limpieza de los restos. La otra posibilidad, dice Williams, es usar los restos como combustible para generar electricidad.

Pero si aún, si se dispusiera de los fondos necesarios, el ralear los bosques y monitorear las quemas prescritas, va a tener necesariamente la oposición del público, que ya está muy sensibilizado al mensaje del Oso Smokey. La gente que vive cerca de los bosques, comprensiblemente van a ser los más difíciles de convencer de dejarlos que se quemen. Según dice Williams, "no es agradable respirar humo, como tampoco es tranquilizante tener fuego cerca de la casa".

Bajo la antigua política, las brigadas contra el fuego tenían tres prioridades, en el siguiente orden: proteger la vida, la propiedad y los recursos naturales. Bajo la nueva política, proteger la vida, sigue siendo la primera prioridad. Pero proteger la propiedad y los recursos naturales, ahora tienen igual importancia secundaria, de modo que las brigadas contra incendios, ya no tienen que gastar millones de dólares luchando contra el fuego para salvar algunas casas que valen unos pocos miles de dólares. Todo esto hace sentido, a menos que sea nuestra propia casa la que se está quemando. "El problema con el monitoreo de incendios naturales, es principalmente un problema político" dice Peters. Todo el mundo desea tener una cabina en el bosque, y espera disponer de un sistema que controle el fuego, para que no se vaya a incendiar. Pero no entienden que el problema es acumulativo. Si no se monitorean los incendios de bosques, eventualmente morirá mayor cantidad de gente.



MANEJO DEL BOSQUE

El conocer la dinámica natural del bosque nativo, parece ser una condición esencial para lograr una explotación racional de él. En este sentido, el considerar los incendios forestales como un proceso natural que ayuda a la conservación del bosque, deja también una enseñanza de como explotarlo, de modo que sea este un recurso renovable y al mismo tiempo se conserve la flora y la fauna de él.

Darryl Herbert, que por años ha luchado por la conservación del bosque nativo, ahora trabaja para una empresa en Alberta (Alberta Pacific Forest Industries, USA) y su objetivo es lograr ensamblar los objetivos de esta con la preservación tanto del bosque, como de su flora y fauna. Según él, la explotación debe realizarse imitando a lo que sucede en los incendios. No es bueno para el bosque, explotarlo por planchones como un tablero de ajedrez, en que se dejan marcos explotados, entre marcos vírgenes (ver imagen). Por el contrario, al igual que lo que sucede en los incendios, la explotación debería hacerse en forma irregular, preservando áreas de diferentes tamaños y formas, siguiendo incluso los contornos geográficos como sucede con los incendios.

En esas áreas explotadas, contrariamente a lo que se sostiene de cortar sólo los árboles ya adultos debieran cortarse árboles de diversas edades, como también sucede en los incendios, dejando en la zona explotada, manchones que signifiquen al menos un 10% de los árboles de cada área. En esta forma, las plantas y animales que viven en el bosque automáticamente se beneficiarían. Según Herbert, no hay que tratar de preservar determinada especie, sino dejar más bien que el equilibrio se restablezca por si mismo, y el resultado es siempre mejor. Es cierto que nunca se podrán repetir con exactitud las alteraciones que se producen naturalmente, pero por lo menos hay que tratar de imitarlas.

No siempre es el fuego el que condiciona la dinámica del bosque. Otras veces, en regiones extremas, es la fuerza del viento el que produce las alteraciones. Tal es el caso en Chile con respecto a los bosques de la Tierra del Fuego. También aquí, la explotación debería realizarse tratando de imitar las alteraciones que normalmente se producen. La empresa Forestal Trillium, concesionaria de la explotación, pretende hacerlo en esta forma. Se trata de 250.000 hectáreas de bosques vírgenes y es allí donde el viento bota árboles, ya sea en forma individual o por áreas. Con el objeto de imitar este patrón, pretende en cada lote, explotar la mitad de los árboles, dejando la estructura básica intacta. Según Mary Kalin Arroyo ecóloga de la Universidad de Chile, que ha desarrollado el estudio, este programa ha encontrado resistencia de las compañías forestales convencionales, porque temen que pueda ser un precedente para la explotación de otros bosques. En todo caso, el comienzo de esta explotación, está ahora detenido por el reclamo entablado entre la Corte de Justicia por grupos ambientalistas. Habrá que esperar para ver que se decide, pero al menos la intención parece buena y es de esperar que la empresa cumpla lo planteado.






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