Los cambios climáticos pueden precipitarse
( Publicado en Revista Creces, Septiembre 2001 )

En la reunión de 1800 especialistas en clima, realizada en Ámsterdam, se analizaron antecedentes que hacen presumir la cercanía de cambios drásticos del clima, con graves consecuencias para los seres humanos y la vida.

Parece que el presidente Bush está decidido a embarcarse en la "Guerra de las Estrellas", pero sigue desconociendo su responsabilidad con respecto al Protocolo de Tokio, que diseña una estrategia y un compromiso para contrarrestar el cambio climático global debido al incremento de los gases invernadero. Desgraciadamente su negativa puede hacer fracasar el Protocolo de Tokio, ya que Estados Unidos es el país que más contribuye al efecto invernadero debido a su participación en la producción de CO2. Mientras, la amenaza climática es cada día más inminente y comprobada. ¡En cualquier momento todo puede quedar fuera de control!, señalan los expertos.

Tales han sido las conclusiones de 1800 especialistas en clima que se reunieron recientemente en Amsterdam para analizar las investigaciones recientes. Predijeron que de continuar incrementándose el efecto invernadero al ritmo actual, en los próximos cien años, Europa sufrirá una gran congelación, que la región amazónica se convertirá en un gran desierto, que se derretirán los hielos de los polos y que el desierto del Sahara se cubrirá de bosques.

Los últimos hallazgos permiten suponer que las corrientes del Atlántico, que mantienen cálida a Europa, se modificarán, produciendo un gran cambio climático, como hasta ahora no se había imaginado.

El problema es que la Tierra, dicen los científicos, tiene una tendencia a un cambio drástico y repentino de su clima y su ecología. Esto significa que las predicciones de modelos que vaticinaban cambios progresivos en el ecosistema estarían equivocadas. La Tierra toma diferentes estados estables, que pueden cambiar súbitamente de un estado a otro, con grandes consecuencias para la vida humana y la naturaleza.

Tomando el ejemplo del desierto del Sahara, Martín Claussen del Instituto para Investigaciones del Impacto Climático en Alemania, recuerda que hasta hace 6000 años, el Sahara estuvo cubierto de bosques y lagos, lo que cambió bruscamente con el inicio del calentamiento de la Tierra, que se inició en aquella época y que ha continuado hasta ahora (El desierto del Sahara habría sido un vergel). Unas pocas décadas después, se convirtió en un desierto. Con la misma rapidez, ahora de nuevo podría convertirse en bosque.

Víctor Brovkin, colega de Claussen, afirma que Africa está en un equilibrio inestable, ya que si se produjera un pequeño incremento en las lluvias, se gatillaría de nuevo un proceso de aparición de la vegetación. En esas circunstancias se incrementaría la humedad, la que eventualmente se evaporaría, con lo que se formarían nubes. Esto a su vez gatillaría más lluvias, lo que haría que crecieran más plantas. "El Sahara tiene dos estados estables: desierto y vegetación gruesa, y puede oscilar entre las dos, ya que bastaría un pequeño incremento de las lluvias para que se iniciara el cambio", afirma Brovkin.

Del mismo modo, los bosques lluviosos del Amazonas, corren el riesgo opuesto. En los próximos cincuenta años, el calor y la sequía, convertirían rápidamente la región en un desierto.

Peter Cox del Britain Meteorological Office en Bracknell, afirmó que cuando los bosques mueren, liberan al aire miles de millones de toneladas de dióxido de carbono, acelerando así el calentamiento global. De acuerdo a su colega John Mitchell, si sucediera lo mismo con otros bosques, en los próximos años se elevaría la temperatura de la Tierra entre 6ºC a 8ºC, o aun más. "Ahora están operando muchos hechos en la atmósfera y la ecología, con temperaturas que no se habían visto por cientos de años". Como consecuencia de ello, se están produciendo cambios sin precedentes. Al final de la Conferencia, los científicos señalaron: "La actividad humana podría gatillar en cualquier momento, cambios con graves consecuencias para el ambiente de la Tierra y sus habitantes".

Stefan Rahmstorf, del mismo Instituto para Investigaciones del Impacto Climático, señaló que ya se han visto los primeros signos de la disminución de la circulación de la corriente en el Atlántico Norte. Esto puede llegar a colapsar la corriente del Golfo, que es la que en la actualidad mantiene a Europa 10ºC más caliente que otras áreas de la misma latitud. Sin la Corriente del Golfo, la mayor parte del continente se congelaría drásticamente.

La circulación del Atlántico Norte de la cual la Corriente del Golfo es parte, proviene de la formación de hielo muy al norte, en el océano. En la medida que el mar se congela, deja detrás aguas salinas muy densas, que penetran hasta el fondo del océano y que son reemplazadas por aguas más calientes que provienen del trópico.

Rahmstorf predice que en las próximas décadas, en la medida que el mundo se vaya calentando y se forme menos hielo, rápidamente va a declinar la formación de aguas más densas que se desplazan a las profundidades del océano. Al mismo tiempo fluirá hacia el Artico más agua de los ríos. "Hasta hace tres semanas yo había afirmado que todo esto eran puros cálculos teóricos", señaló Rahmstorf "pero ahora hemos recibido valiosa información que nos muestra que desde 1950, la corriente ha disminuido en un 20%".

También durante la Conferencia se hicieron otros pronósticos dramáticos, que incluían el incremento de los incendios en los bosques boreales del norte y donde ya se ha visto que la estación de los incendios se ha prolongado por más de un mes. Al mismo tiempo se proporcionó información objetiva del derretimiento de los hielos del Artico, y que la temperatura en Siberia ha estado aumentando a razón de 0.5ºC por década.

En resumen, los científicos estaban muy preocupados porque el calentamiento global podía en cualquier momento tomar una espiral fuera de control. Junto a la desaparición e incendio de los bosques, también estaban preocupados por la liberación de grandes cantidades de otro gas invernadero, como es el metano, provenientes del derretimiento del permafrost, y del colapso de la calidad de los océanos para absorber dióxido de carbono, si el calentamiento hace más lenta la circulación de los océanos.


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