El secreto para una larga vida
( Publicado en Revista Creces, Octubre 2002 )

Siempre el hombre ha querido vivir más. Son muchos los investigadores que tratan de dar respuesta a este deseo, buscando una píldora mágica que hasta ahora no aparece. Sin embargo, la restricción de la ingesta calórico ha resultado efectiva, por lo que se busca una droga que tenga igual efecto.

Después de mucho buscar el elixir de la juventud, resulta que estaba al alcance de la mano: sacrificarse y restringir la comida. Para prolongar la vida, había que pasar hambre, por siempre y hasta los límites de la desnutrición. Así lo demuestran las experiencias realizadas en animales sometidos a estas condiciones. Una dieta de hambre en ratas, en gusanos de tierra, en moscas o en peces, prolonga la vida hasta en un 50%. Todo hace pensar que en los humanos una dieta baja en calorías tendría iguales resultados (El proceso del envejecimiento).

Desgraciadamente y de acuerdo a los cálculos de los especialistas, para obtener un máximo de beneficio, habría que disminuir el aporte calórico en un 30%. Si alguien debe consumir 2.500 calorías diarias, tendría que rebajarlas a 1.750 calorías. ¡Demasiado sacrificio!, más aún si hubiera que hacerlo a lo largo de toda la vida. ¿Querría alguien vivir pasando hambre por siempre?.

¿Pero qué pasaría si se creara una píldora que imitara el efecto fisiológico de una dieta de hambre, pero sin restringir la comida?. Demasiado maravilloso, pero no imposible. Ya hay investigaciones bastante auspiciosas en este sentido. Se podría así posponer la vejez y de paso retardar todas las enfermedades degenerativas relacionadas con ella: diabetes, ateroesclerosis, enfermedades cardiacas y cáncer.


Los beneficios de la restricción calórica

Hace más de sesenta años que los científicos habían observado en animales de experimentación los beneficios de la restricción calórica de la dieta. Ya en ese entonces observaron que ratas sometidas a una dieta baja en calorías vivían más tiempo, reduciendo la incidencia de enfermedades relacionadas con la edad avanzada. Más aún, las ratas sometidas a la restricción calórica vivían más que las más viejas del grupo control. Es decir, se incrementaba el tiempo de vida más allá de lo que normalmente podían vivir. Controlando los factores medio ambientales (prevención de enfermedades infecciosas, dieta equilibrada y saneamiento ambiental), se logra que más individuos alcancen edades avanzadas, lo que no significa que con ello se logre prolongar la vida del ser humano. En cambio parece ser que con la restricción calórica, efectivamente se conseguiría prolongar la vida más allá de lo propio de la especie.

Investigaciones posteriores se han realizado en las más diferentes especies de animales y siempre se han encontrado los mismos resultados. Hasta ahora los estudios se habían concentrado en animales inferiores de cortos periodos de vida, lo que no permitía extrapolar esos resultados a los seres humanos. Pero ahora se están desarrollando proyectos a largo plazo, con animales que viven más y que son más semejantes a la especie humana. Tal es el caso de los primates rhesus, que normalmente viven aproximadamente 24 años y los monos ardillas que viven 19 años.

Aun cuando estas experiencias están programadas para prolongarse por varios años más, ya lo observado hasta ahora (15 años) hace pensar que también estos monos sometidos a una restricción calórica, responden en la misma forma que otras especies inferiores. Al igual que ellas, se ha visto que bajan su temperatura, como también bajan los niveles de insulina (hormona pancreática) y mantienen los niveles juveniles de ciertas hormonas, como la dehidroepiandrosterona (DHEAS), lo mismo que los animales de más corta vida (ver recuadro) (Scientific American, Agosto 2002, Pág. 24).

Del mismo modo, presentan más bajos indicadores de riesgos de enfermedades degenerativas, que son propias de las edades avanzadas. Así por ejemplo tienen más baja la presión arterial, más bajos niveles de triglicéridos sanguíneos (lo que significa menor riesgo de enfermedades cardiacas) y son normales los niveles de glucosa en la sangre (menor riesgo de diabetes).

Todo esto hace suponer que iguales resultados también debieran observarse en la especie humana sometida a una restricción calórica mantenida. De hecho, en el Estudio Longitudinal de la Edad que se ha estado realizando en Baltimore desde 1958, se ha observado que viven más aquellas personas que tienen temperaturas bajas, niveles bajos de insulina en la sangre y menor disminución de la hormona esferoidal DHEAS (Science, Vol. 297, Pág. 811), siendo éstas precisamente las mismas características que se observan en las ratas y monos sometidos a una dieta hipocalórica por tiempos prolongados.


¿Por qué se producen estos cambios

Lo más probable es que estos cambios correspondan a modificaciones del metabolismo celular, entendiendo por tal la captación desde la sangre, de nutrientes por parte de la célula y su subsiguiente conversión a energía utilizable. Desde este punto de vista es importante, como parámetro a estudiar, el metabolismo de la glucosa, que se produce cuando el organismo digiere los hidratos de carbono. Ella representa la fuente primaria de energía, siendo éste el principal material que utiliza la célula para producir ATP (adenosin trifosfato), que es la molécula que almacena la energía producida.

Otro parámetro a estudiar es la secreción y actividad de la insulina, hormona que regula el uso de la glucosa por la célula. La insulina es secretada por las células pancreáticas, en respuesta a la elevación de la glucosa en la sangre, consecutiva a la ingesta de una comida. Ella sirve de llave para abrir las puertas de la célula para que ingrese la glucosa. Es un hecho que cuando se reduce la ingesta calórica, las modificaciones más destacadas son las que ocurren con la insulina y la glucosa: baja la insulina en la sangre y la glucosa no se eleva.

Por otra parte, los estudios de genes realizados en gusanos de tierra, como también en las levaduras y en la mosca de la fruta, señalan que la prolongación de la vida, debida a restricción calórica, está relacionada con genes que tienen que ver con el azúcar y su metabolismo, procesos que suceden en el interior de la célula y específicamente en la pared de las mitocondrias, lugar donde se produce el ATP.

¿Pero por qué al reducir la producción de ATP se puede prolongar la vida?. La hipótesis más aceptada parece estar en la producción de las moléculas llamadas "radicales libres". Se sabe que la mayor parte de la producción de radicales libres del organismo, ocurre precisamente durante la síntesis del ATP en las mitocondrias. Con el tiempo, estas moléculas altamente reactivas, llegan a causar daños acumulativos permanentes en la célula y ello sería la causa del envejecimiento (Ver Figura).


En la búsqueda de una píldora

Habiendo ubicado ya el lugar donde se producen las modificaciones que en definitiva llevan a la prolongación de la vida como respuesta a la restricción calórica, han comenzado los esfuerzos por ubicar una droga que imite este efecto, sin necesidad de restringir la ingesta calórica.

Mark Lane y sus colaboradores del Nacional Institute of Aging, del Nacional Institute of Health, han estado experimentando con la droga 2-desoxi-D-glucosa (2DG). Esta molécula estructuralmente se parece a la glucosa, por lo que consigue entrar a la célula. Sin embargo, las enzimas que normalmente degradan la glucosa tienen dificultades para utilizar la 2DG, por lo que en definitiva ello impacta la producción de ATP. Este es el mismo efecto que se logra al reducir la ingesta calórica, que en definitiva también lleva a la disminución de la producción de ATP. En esencia, esta droga engaña a la célula, llevándola a una situación similar a la de restricción calórica, pero con una ingesta normal de alimento.

Los investigadores al administrar esta droga a ratas en forma mantenida, observan que disminuyen los niveles de glucosa, bajan de peso y también bajan la temperatura, reduciendo también en forma importante los niveles de insulina. En resumen, se reproducen todas las modificaciones que se han descrito durante la disminución del aporte calórico en forma mantenida. Pero lo interesante es que en estas experiencias las ratas no disminuyen la ingesta de calorías.

La 2DG administrada en dosis bajas es inocua, pero produce efectos tóxicos graves al usarla por largos períodos. Por ello se hace difícil ensayarla en seres humanos. La tarea actual es buscar otros candidatos. Ya se está pensando en varios compuestos que de una manera u otra interfieren en el metabolismo celular, pero que no deben ser tóxicos. La tarea parece difícil, pero no imposible.

EFECTOS DE LA RESTRICCIÓN CALÓRICA

La restricción calórica, tanto en ratas como en monos, produce modificaciones similares:

  • Efectos indicativos de alteraciones del crecimiento, del desarrollo y del metabolismo.

    Baja de la temperatura corporal.
    Maduración sexual retardada.
    Maduración esquelética retardada.

  • Efectos indicativos de mejoría en la salud.

    Baja del peso.
    Menos grasa abdominal.

  • Efectos indicativos de reducción de riesgos consecutivos a la edad (diabetes y enfermedades cardiacas).

    Mayor sensibilidad a la insulina.
    Niveles más bajos de insulina en ayunas.
    Niveles más bajos de glucosa en ayunas.
    Niveles más bajos de colesterol y triglicéridos.
    Niveles más bajos de factor de crecimiento semejante a insulina.
    Niveles más altos del colesterol bueno (HDL).
    Menor disminución de la hormona DHEAS.

  • Efectos encontrados en ratas, pero aún bajo investigación en monos.

    Enfermedades de la vejez comienzan más tarde (incluso el cáncer).
    Más suicidios celulares (menor crecimiento de tumores).
    Vida más prolongada.


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