Enfermedades del adulto tienen sus raíces en el pasado gestándose durante el inicio de la vida
( Publicado en Revista Creces, Diciembre 2004 )

Observaciones de estudios epidemiológicos han demostrado que algunas enfermedades crónicas no transmisibles del adulto, más allá de factores genéticos y de estilo de vida, están influenciadas por factores ambientales que actuaron tempranamente, en el inicio de la vida.

Durante los últimos años, basándose en estudios epidemiológicos retrospectivos, se ha ido comprobando que las enfermedades crónicas no transmisibles del adulto, estarían relacionadas con factores ambientales que actuarían ya en los primeros períodos de la vida. Quién primero llamó la atención sobre ello, fue David Barker, un médico epidemiólogo de la Universidad de Southampon en Inglaterra, que observó que los niños nacidos con bajo peso tenían más posibilidades de desarrollar enfermedades cardíacas en edades posteriores, en relación a aquellos que nacían con peso normal (El primer año de vida marca el destino). Por primera vez se planteaba la importancia de factores ambientales intrauterinos, no genéticos, en las enfermedades degenerativas posteriores del adulto. En otro estudio realizado en mujeres holandesas que se embarazaron durante la Segunda Guerra Mundial el mismo Barker demostró que la desnutrición consecutiva a ese período de escasez, constituyó un factor de riesgo que se tradujo en hijos que posteriormente presentaron niveles altos de lípidos sanguíneos, enfermedades cardíacas, hipertensión y diabetes tipo 2. Más aún, el mismo estudio señalaba que no sólo las madres que habían sido sometidas a una desnutrición durante la guerra daban a luz a hijos de menor tamaño, sino que también sus hijas tendían a dar a luz a niños de menor peso.

Con posterioridad se han publicado numerosos otros estudios epidemiológicos en que se relaciona el retraso del crecimiento intrauterino (deducido del peso al nacimiento y las proporciones antropométricas), con un posterior incremento de enfermedades cardiovasculares, diabetes de tipo 2, o de sus precursores como dislipidemia, alteraciones de la curva de tolerancia a la glucosa o disfunciones del endotelio vascular (Science, vol. 305, Septiembre 17, 2004, pág. 1735). Se observó también que el riesgo era mayor en aquellos que habiendo nacido con bajo peso, llegaban a ser obesos durante la adolescencia o la edad adulta.

También se ha observado que en madres que viven en alturas (Bolivia), independientemente de su situación socioeconómica, tienen hijos de más bajo peso, los que más tarde podrían padecer de enfermedades cardiacas o accidentes vasculares cerebrales (Los niños de las alturas). Es muy posible que ello se deba al efecto de la altura (disminución del oxígeno), más que al estado nutritivo de la madre.


La placenta parece fundamental

Pareciera que sería la restricción de la función placentaria, producida ya sea por el reducido tamaño materno, la poca edad de la madre, los embarazos múltiples, o los muchos mecanismos que pueden limitar el abastecimiento de nutrientes, los que incrementarían el riesgo de enfermedades posteriores. Si bien es cierto que los que más se han estudiado han sido los factores nutricionales, también otros factores ambientales intrauterinos, como pueden ser las infecciones, estaciones del año o el hábito del cigarrillo, han demostrado tener efectos a largo plazo (Los riesgos de la vida intrauterina). Pero no sólo factores intrauterinos pueden ejercer efectos posteriores adversos, sino también factores que actúan en las etapas post natales o durante la infancia. Ello se ha podido comprobar en muchos estudios experimentales tanto en humanos, como en diferentes especies de mamíferos (P.D.Gluckman: Trends Endocrinol. Metab., vol. 15, pág. 83 del 2004).

Más adelante, nuevas investigaciones han ampliado los riesgos, no sólo para enfermedades cardiacas o diabetes, sino también para otras enfermedades del adulto, como osteoporosis, ovarios poliquísticos, alteraciones psíquicas y psicosis.


¿Cuál seria el mecanismo?

Se puede especular acerca de diversos mecanismos por los cuales los factores ambientales intrauterinos podrían afectar programas de desarrollo de órganos y tejidos, y manifestarse posteriormente en enfermedades en la edad adulta. En las primeras etapas del desarrollo, cuando aún existe una gran plasticidad, son especialmente susceptibles los genes a cambios epigenéticos en su DNA. Así por ejemplo, estos se pueden afectar por los mecanismos reguladores del llamado "código de las histonas", ya sea acallando o potenciando genes mediante procesos de acetilación y/o metilación, los que más tarde pueden traducirse en las más variadas implicaciones clínicas (Más Allá del Código Genético: El Código de las Histonas). También factores ambientales, pueden producir alteraciones durante la diferenciación celular, que posteriormente impacten en diversos órganos o tejidos. En este sentido son numerosas las experiencias realizadas en animales, pudiendo observarse alteraciones posteriores en órganos como el páncreas y sus células productoras de insulina, o en el tejido endotelial de los vasos sanguíneos, u otros tejidos (Science, vol 305, Septiembre 17, 2004, pág. 1735). Incluso estos factores ambientales pueden ejercer su acción a través de varias generaciones. Por ejemplo, el tamaño del recién nacido que puede estar disminuido en madres desnutridas, y a su vez los hijos de éstas, a pesar de estar bien nutridas, ser también más pequeños (Pediatric Research, vol 47, pág. 575, 2002).

El hecho concreto es que durante los últimos años se han reunido numerosos antecedentes que demuestran el impacto de factores ambientales que actuando durante las primeras etapas del desarrollo, se traducen posteriormente en factores de riesgo de enfermedades de la etapa adulta. Ello se ha comprobado en humanos por estudios epidemiológicos, como también en diseños experimentales en animales. Es por esto que se ha generado una especial preocupación por los potenciales cambios epigenéticos que podrían traducirse, que serían causales de enfermedades degenerativas. De ello se ha inferido la necesidad de promover la salud y la nutrición en las mujeres durante la edad reproductiva, como un elemento importante para prevenir futuras enfermedades crónicas en su descendencia.


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