Entra al mercado un maíz transgénico
( Publicado en Revista Creces, Abril 1997 )

Por diversas razones, no siempre bien justificadas, los grupos ecologistas se oponen al proceso de transferencia de genes de una planta a otra. Eso ya ha sucedido, por ejemplo, con el tomate transgénico, que con la transferencia de un gene específico adquiere la propiedad de retardar su maduración. El movimiento ecologista, tanto en USA como en los países europeos, ha organizado actos de protesta para impedir su comercialización, o al menos que en su etiqueta se diga que corresponde a un tomate "transgénico".

Ahora se trata de una nueva planta transgénica: "el maíz". Los laboratorios Ciba-Geigy han logrado transferir un gene a la planta de maíz que le confiere protección contra uno de sus peores enemigos, el gusano taladrador, que introduciéndose en su tallo, lo destruye.

Sin embargo, este gusano tan dañino es atacado por una toxina (toxina Bt), que produce una bacteria del suelo: Bacillus thurgienesis. Investigadores de Ciba-Geigy han individualizado en esta bacteria el gene que produce la toxina Bt. Es este gene, el que han transferido al maíz que lo ha incorporado a su genoma. Es así como el maíz transgénico produce su propia toxina, defendiéndose del gusano. Pero, además, los mismos investigadores han agregado al mismo maíz otro gene que lo hace resistente a un herbicida, el "Basta". Esto significa que el agricultor puede utilizar este herbicida que es muy potente, sin que se dañe la planta de maíz. Dos nuevas características que hacen a estas semillas muy atractivas para el productor.

Su comercialización, ya ha sido autorizada en USA y en Canadá. De acuerdo a la reglamentación de la Comunidad Económica, basta que un país autorice su comercialización para que tenga que ser aceptada por todos. Algunos países se han opuesto. Así, por ejemplo, Inglaterra se ha opuesto porque la planta tiene un tercer gene que la hace resistente a un antibiótico, la ampicilina. El agregado de este gene tiene como único propósito el de ser un marcador que permite asegurarse que los otros dos genes realmente también se están expresando. La objeción reside en que este antibiótico se usa tanto en humanos como en animales y se teme que al ingerirlo los animales en los alimentos, aparezcan bacterias que se hagan resistentes a este antibiótico.


(New Scientist, Mayo 1996).



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