El síndrome del lactante zarandeado
( Creces, 2017 )

Una tríada sintomática, considerada hasta ahora inequívoca de abuso infantil, es puesta en duda. Numerosos adultos han sido condenados por ello. ¿Podrían ahora apelar a la sentencia?

Se ha comprobado que el agitar violentamente un niño sin sujetarle la cabeza, puede dañarle las fibras nerviosas de la región del cuello, las que controlan la respiración y como consecuencia de la resultante falta de oxígeno, el cerebro se hincha dramáticamente (se edematisa). Por otra parte, al golpear este contra el cráneo provoca una hemorragia en su superficie que compromete también a la retina. Hasta ahora se ha considerado que frente a un niño que presente esta tríada de signos (edema cerebral, hemorragia en su superficie y sangramiento de la retina) debe concluirse que ha sido zarandeado (sacudida brusca de la cabeza), aun cuando no se presenten testigos del hecho (Se puede matar un niño de un remezón). En esta situación el juez debe concluir que el niño fue zarandeado por un adulto, aun cuando no existiesen testigos. En muchos países, entre ellos Estados Unidos o Inglaterra, esto es una regla y aun en ausencia de otros signos físicos de violencia, el hecho terminaba con una condena.

Sin embargo, ahora se han ido acumulando evidencias y dudas de que frente a esta trilogía de síntomas pudieran estos deberse a otras causas, como pequeñas caídas del niño o sangramiento de su cabeza durante el parto, o a una enfermedad hemolítica congénita (No siempre es maltrato infantil), sin que necesariamente hubiese intervención culposa de tercero. "Esta presunción ha llevado al quiebre de numerosas familias y ha enviado a la cárcel a muchas cuidadoras de niños, sin que hubiera seguridad de su culpa", dice Heather Kirkwood, un abogado en Seattle.

El hecho es que recientemente un equipo sueco de abogados y médicos analizaron 3700 casos de niños que habían sufrido traumas craneanos, seleccionando entre ellos a 1000, que claramente habían presentado la triada sintomática antes descrita. De ellos, solo 30 se ajustaban a un estricto criterio de síntomas descritos, asegurándose que no tenían otros síntomas agregados. El equipo concluyó que con esta trilogía sintomática no tenían suficientes antecedentes que el zarandeo existiese y que para juzgar faltaba una confesión o comprobación directa del zarandeo. "Nuestro principal hallazgo fue que existían muy pocas evidencias científicas como para condenar a posibles culpables", afirmó Niels Lynöe, especialista en medicina general del Instituto Karolinska en Estocolmo, líder del equipo que realizó el estudio. "No se puede usar este estudio para afirmar que cada vez que se ven estas alteraciones en el cerebro infantil, el niño haya sido zarandeado". "Ello no es suficiente de acuerdo al actual conocimiento", afirmó Lynöe. Sin embargo, han sido numerosas las reacciones contradictorias, que han reaccionado negativamente frente a este informe (New Scientist, Nov. 12, 2016, pag. 8-9).



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