Los planetas de nuestro sol
( Publicado en Revista Creces, Agosto 1999 )

Los antiguos identificaron algunas estrellas que se desplazaban en el cielo, a diferencia de todas las demas que estaban aparentemente fijas en el firmamento formando nuestra via lactea. Ahora se sabe que esos son planetas, que no tienen luz propia y que la reflejan del sol. La construccion de poderosos telescopios, el progreso de la espectrofotometria y el lanzamiento de sondas espaciales, nos ha permitido durante los ultimos años adquirir una gran cantidad de informacion acerca de los planetas, que como nuestra tierra, giran alrededor del sol.

El Sol es sólo una estrella de los 100 mil millones que existen en nuestra vía láctea. Lo que llamamos el Sistema Solar, lo constituye el Sol por una parte, y los planetas que lo orbitan: Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, y Neptuno. Aparte hay que considerar a Pluto, el más pequeño y lejano, que no todos aceptan que sea realmente un planeta. Los cuatro planetas más cercanos al Sol son pequeños y sus cuerpos son rocosos, con una densidad relativamente alta. Los otros cuatro grandes planetas (Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno) están formados principalmente por gases, con un núcleo central rocoso o metálico. Por eso se han llamado "Grandes Gigantes Gaseosos". Todos ellos, excepto Mercurio y Venus, tienen, además, lunas que los orbitan.

El tiempo que se requiere para que un planeta complete una vuelta alrededor del Sol, se llama "año". Un año para la Tierra, significan 365 días y un cuarto. Obviamente los planetas que están más cerca del sol tienen años más cortos. Mercurio, por ejemplo, tiene un año de 88 días. Pluto, el más lejano, es 247 veces más largo que el año de la Tierra.

El sistema se completa con miles de asteroides que también orbitan alrededor del Sol. Ellos son rocas de diferentes tamaños y formas, que orbitan más abundantemente en el llamado "cinturón de asteroides", el cual está ubicado entre Marte y Júpiter. También deben considerarse los cometas, que son bolas de gases congelados y polvo. Ellos tienen órbitas muy elípticas y por ellas en su recorrido, se acercan a la Tierra y los podemos observar a ojo desnudo, para luego alejarse por tiempos variables, según sea la extensión de su órbita.

Los científicos piensan que el sistema solar comenzó a formarse hace aproximadamente 5 mil millones de años, a partir de una nube gigante giratoria, que lentamente se fue colapsando hasta convertirse en una enorme bola de fuego (De qué se formó el Sol y los planetas). Más tarde, a partir de aglutinaciones más pequeñas, se formaron los planetas y sus lunas.

En el presente relato, describiremos las características principales de cada planeta, en un orden secuencial, según la distancia que los separa del Sol.

Mercurio

Es el planeta más cercano al Sol y es difícil de observar. Puede verse durante dos horas, después que el Sol se pone o antes que éste aparezca. Buena parte de lo que conocemos acerca de Mercurio lo proporcionó la exploración llevada a cabo por la sonda interplanetaria Mariner 10, que durante los años 1974 y 1975, orbitó el planeta tres veces.

Mercurio se diferencia de otros planetas por dos peculiaridades: primero, su plano eclíptico es más inclinado que la mayoría de los otros planetas. Por otra parte, cuando Mercurio pasa el "perihelio" (el punto de su órbita más cercano al Sol), su distancia del Sol es menos que dos tercios que cuando pasa el "afelio" (el punto más lejano del Sol).

Mercurio está tan cerca del Sol, que recibe seis veces más radiación solar que la Tierra. Como se puede imaginar, la temperatura de su lado soleado es muy elevada.

Su superficie está llena de cráteres, como los que vemos en nuestra Luna (fig. 3). Estos han sido producidos por impactos de meteoritos de todos los tamaños. Ellos eran muy frecuentes durante las etapas de formación del sistema solar.

Los cráteres han permanecido intactos, como en el caso de la Luna, por la ausencia de erosión, ya que el planeta no tiene atmósfera. Es probable que siempre haya carecido de atmósfera, ya que al ser muy pequeño, tenía poca gravedad, por lo que no pudo mantener una atmósfera de gases a su derredor.


Venus

Venus es el planeta más cercano a la Tierra y se ve muy brillante en el cielo. Por su posición cerca del Sol, también puede verse sólo por algunas horas, después de la puesta del Sol o antes que éste aparezca en la mañana.

Por el tamaño y la distancia del Sol, Venus se ve muy similar a la Tierra. Por mucho tiempo, antes que se conocieran sus verdaderas características, se pensó que Venus podría albergar vida. Desgraciadamente, más tarde se pudo comprobar que la temperatura de su superficie era de 460º C, mucho más alta si se considera su distancia del Sol.

La causa de esta elevada temperatura está en su atmósfera, que es muy densa y por siempre cubierta de nubes. La luz solar la penetra y calienta su superficie, pero el calor que emite ésta, no puede escapar de vuelta a la atmósfera. Este permanece atrapado en el planeta, produciendo lo que se ha llamado "efecto invernadero", del que tanto se ha hablado en los últimos años, y que estaría comenzando a incrementar la temperatura de la Tierra (Fig. 4).

Las gruesas capas de nubes, no permiten su observación directa. Las imágenes transmitidas por sondas espaciales desde su superficie, permiten suponer que geológicamente este planeta está vivo, con volcanes activos. En su superficie hay montañas tan altas como el Monte Everest y diversas formaciones que recuerdan mucho la superficie de la Tierra, con extensos valles cubiertos por rocas y montañas. También se ha podido apreciar depresiones de su superficie, que tal vez en algún momento fueron fondos de océanos, de los que posteriormente se habría evaporado el agua.


Tierra

La Tierra es donde nosotros vivimos. Nos cuesta imaginar que es un planeta, ¿pero cómo se ve ella desde el espacio? Se ve de color azul, debido a la gran cantidad de océanos que cubre su superficie. Es el único planeta donde el agua existe en estado líquido (fig. 5).

El agua se encuentra también en las nubes de su atmósfera, en forma de pequeños cristales, lo que contribuye a darle el color blanco característico, junto con el azul. Su atmósfera está compuesta por nitrógeno y oxígeno, lo que también constituye otra peculiaridad.

Comparada con Venus y Marte, la atmósfera de la Tierra tiene poca cantidad de CO2. En los inicios éste estaba disuelto en el agua de mar, donde fue consumido por las primeras formas de vida que aparecieron en la Tierra. Ellas fueron pequeñas algas verdes que, al crecer y multiplicarse en su proceso metabólico, fueron enriqueciendo la atmósfera con oxígeno.

Geológicamente la Tierra es un planeta muy activo. La costra de la Tierra está dividida en grandes placas que son empujadas por fuerzas subterráneas. Europa, Africa y América, antes formaron una sola placa, que se fue paulatinamente separando hasta llegar al estado actual. Aun hoy en día estas placas cada año se van separando por unos pocos centímetros (Escala geológica del tiempo).

En el fondo de los mares, donde la costra es más delgada, se está formando una nueva costra. Debido a este proceso, en algunas regiones de la Tierra estas placas chocan, lo que es la causa de los constantes terremotos.

La Tierra no es un planeta aislado. Tiene su propia Luna, cuyo diámetro es un cuarto el diámetro de la Tierra.

Cuatro mil millones de años atrás, gases expulsados por los volcanes formaron la atmósfera y la temperatura hizo que se evaporara el agua, la que se condensó y cayó en forma de lluvia, formándose así los océanos.


Marte

Se llama el planeta rojo. Por mucho tiempo se pensó que estaba habitado por seres extraterrenos: "los marcianos", que en su superficie habrían construido una serie de canales. Pero ahora ya se sabe que tales canales no existen y que en él no hay vida inteligente. Actualmente se discute si alguna vez existieron en su superficie vestigios de vida primitiva. NASA así lo cree, por estudios de meteoritos marcianos que han alcanzado la Tierra (Vida en Marte. Presencia de microorganismos).

Con todo, no se ha apagado el interés por Marte, y el Hombre se prepara para visitarlo en un futuro cercano (Nuevo interes por la vida en Marte)(Tamaño y función en el animal). El planeta ya ha sido visitado por la sonda espacial "Viking", en 1976. Hace algunos años, un robot se posó sobre su superficie y envió imágenes muy detalladas de ella (La fotografía de hoy): es de color rojo, cubierta con piedrecillas, polvo y rocas. Su cielo también es de color rojo, debido al polvo que flota en su atmósfera (Fig. 7).

Existen diversos indicios que señalan que en el pasado, el planeta fue similar a la Tierra y que en su superficie hubo agua líquida. Ahora sólo queda algo de agua en forma de hielo en sus polos. Las estaciones de Marte son similares a las de la Tierra, y el tamaño de las capas polares varían con ellas. En el verano marciano las extensiones de hielo son menores que en el otro hemisferio, lo que cambia en la otra época del año.

Marte tiene una atmósfera muy delgada, compuesta principalmente por dióxido de carbono. Con los cambios de estación en su superficie se producen enormes tormentas de polvo.

Tiene dos satélites: Phobos y Deimos. Ellos son pequeños y de forma irregular. Phobos tiene un diámetro de unos 25 kilómetros y se demora ocho horas en rotar alrededor de Marte. Deimos es aún más pequeño.


Júpiter

Júpiter es el gigante del sistema solar. Su diámetro es diez veces más grande que el de la Tierra. Su fuerza gravitacional es tan grande que llega a afectar el movimiento de todos los otros planetas y es capaz de desviar muchos cometas que llegan cerca de su órbita.

Casi todo el interior de Júpiter está compuesto de hidrógeno y algo de helio, ambos en estado líquido, que está comprimido por el enorme peso de su atmósfera. Más al interior la presión es tan alta que el hidrógeno está en estado metálico. En su centro hay un pequeño núcleo rocoso. Cerca de su superficie visible, donde la presión es menor, el hidrógeno está en estado gaseoso, formando así la atmósfera de él.

La superficie visible del planeta corresponde a la parte más alta de las nubes de la atmósfera. Ella fue fotografiada por las sondas Pioneer y Voyager, cuando pasaron cerca de Júpiter en su viaje a planetas más lejanos.

Desde la Tierra, además de la estructura de su atmósfera en bandas, se pueden ver grandes manchas rojas que recuerdan los ciclones que se producen en la Tierra. Estas están situadas en el hemisferio sur del planeta y son producidas por compuestos de nitrógeno.

Además de una numerosa familia de satélites (se han descrito 16), éste tiene un anillo formado por múltiples partículas, cuyo círculo interno está cerca de las primeras nubes de su atmósfera.

Sus cuatro lunas más grandes se han llamado con el nombre genérico de "Satélites Galileo", ya que fueron descubiertas por éste cuando observaba a Júpiter con su primitivo telescopio. Estos fueron muy bien estudiados por la sonda "Voyager", obteniéndose imágenes muy precisas de todos ellos (Fig. 8).

Los cuatro satélites más grandes (Satélites Galileo) se han denominado: Io, Europa, Ganymede y Callisto. Io es algo mayor que nuestra Luna y Europa un poco más pequeña. Ganymede es un poco más grande que el planeta Mercurio y Callisto es un poco más pequeña. Cada luna se ve diferente. Io tiene una mezcla de colores, rojo, amarillo, anaranjado y blanco, y ellos se producen por erupciones azufradas provenientes de volcanes activos. Europa tiene una superficie brillante, ya que parece estar cubierto por una capa de hielo. Ello ha despertado gran interés ya que podría haber algunos indicios de vida primitiva bajo su superficie (Hay agua en Europa. Luna de Jupiter). Ganymede parece cubierta de parches, con manchas brillantes producidas por meteoritos que han golpeado su capa de hielo. Por último Callisto tiene una superficie oscura y probablemente está formado por material rocoso y hielo. En su superficie también tiene un gran número de cráteres.

El vehículo espacial Galileo ha entregado más detalles de estas cuatro lunas de Júpiter. Las tres más cercanas al planeta (Io, Europa y Ganymede) serían cuerpos geológicos complejos, que en su interior son muy calientes. En cambio la más lejana, Callisto, parece tener un interior frío. Más aún, da la impresión que nunca fue caliente, incluso durante los primeros períodos de su formación. La información que envía Galileo se basa en un análisis de sus gravedades y campos magnéticos de ellas (Las lunas de Júpiter vistas desde Galileo). En cuanto a Europa, se ha descrito que en sus polos se estaría produciendo cierto calor (1 Watt por metro cuadrado), probablemente proveniente de volcanes que existirían debajo del hielo(Nuestro Sistema Solar).


Saturno

Lo más característico de Saturno son sus espectaculares anillos que le dan una gran belleza. Sin embargo, Saturno mismo es un tanto desabrido. Es como una versión más pequeña de Júpiter, pero no es tan coloriento. Los cinturones de nubes de su superficie son brumosos y en ellos se pueden ver muy pocos detalles. El planeta está constituido fundamentalmente de gas hidrógeno y helio.

Los anillos consisten en incontables pequeños trozos de rocas, algunos no más grande que un grano de polvo. Cada trozo viaja alrededor de Saturno en su propia órbita, como miniaturas de lunas. Probablemente el grosor de los anillos no es más de 200 yardas (fig. 9).

Algunas veces, mirando a Saturno desde la Tierra, no se ven los anillos por la posición tangencial que toma en relación con nosotros. Otras veces están de cara a nosotros y sus anillos se pueden ver con toda claridad (Fig. 10).

Saturno, además de sus anillos, tiene por lo menos 23 lunas, siendo algunas de ellas muy pequeñas. Muchas fueron descubiertas por la sonda Voyager, que pasó cerca de Saturno. La mayor se llama Titán. Es la segunda Luna en tamaño de todo el Sistema Solar. Lo curioso es que es la única Luna que realmente tiene una atmósfera, que consiste especialmente de nitrógeno gaseoso y metano. Por estar cubierto por estas nubes rojas, el Voyager, no pudo observar su superficie. Esta Luna ha despertado también mucho interés, ya que aquí podría también existir una vida primitiva. Se cree que el metano en Titán pudo haber jugado un rol similar al del agua en la Tierra y podría ser que allí existieran microorganismos que usaran el metano como base de su vida en lugar del agua.

Los otros cuatro satélites dignos de mención por su tamaño, son Rhea, Lapetus, Dione, y Tethys. Ellos tienen diámetros de aproximadamente 1.000 kilómetros y son muy parecidos a los satélites Galileanos de Júpiter.


Urano

Este planeta está situado al doble de la distancia de Saturno. En los tiempos antiguos, los astrónomos no lo habían podido detectar, y fue el primer planeta que se descubrió por medio del telescopio. En el hecho se puede ver a ojo desnudo, pero sin un telescopio grande no se le puede ver el disco. En el año 1997, al pasar Urano al frente de una estrella brillante, pero muy distante, se pudo observar desde la Tierra que el planeta tenía también anillos. Estos los pudo comprobar más claramente el Voyager 2, observando que están constituidos por 11 anillos concéntricos, bastante más tenues que los anillos de Saturno.

Una de las características más notable de Urano es que su eje de rotación está en el plano de su órbita alrededor del Sol. De esta forma, los polos de Urano, cada medio año de Urano, se ponen sucesivamente en línea con el Sol. El resto de los planetas tiene su eje más o menos perpendicular al plano elíptico.

Se pensaba que Urano tenía cinco brillantes satélites. Sin embargo, el Voyager, que lo pudo observar en detalle, le descubrió 10 satélites más. Los cinco satélites más grandes tienen un diámetro aproximado de 1.000 kilómetros cada uno y son similares a los satélites Galanos de Júpiter. Parecen estar constituidos por hielo y rocas. Ellos se han bautizado como Ariel, Umbriel, Titania, Oberon y Miranda. Este último tiene una superficie montañosa y con profundas cavidades. En la figura 11, el artista se imagina cómo se vería Urano observado desde Miranda, que está en primer plano.


Neptuno

Después que Urano fue descubierto los científicos observaron que no orbitaba como ellos esperaban y se figuraron que tal vez otro planeta distante lo estaba traccionando. Los matemáticos John Adam, en Inglaterra, y Urbain Leverrier, en Francia, calcularon dónde debía estar este planeta desconocido. Fue así como Johann Galle en el año 1846, dirigiendo su telescopio en esa dirección descubrió a Neptuno.

Este no se puede observar a ojo desnudo. Sólo al observarlo a través del telescopio se ve como un pequeño disco brillante. Ello no es raro, ya que está a una enorme distancia de la Tierra (4.5 mil millones de kilómetros).

En 1977 el Voyager 2, viajando durante 12 años, se acercó a Neptuno, y descubrió que tiene nueve anillos y por lo menos 15 lunas. Una de sus lunas se llama Tritón, y es más grande y más pesada que nuestra Luna. Está cubierta con metano y nitrógeno en forma de hielo, y aparece de color rosado. Tritón es el objeto más frío que se conoce en el sistema solar. Otra luna se ha llamado Nereid, que es más pequeña y orbita a Neptuno más lejos que Tritón.

Posee una atmósfera muy densa, formada por hidrógeno y metano y probablemente también algo de helio. Bajo ella hay líquido, especialmente hidrógeno. Más profundamente hay hielo y un núcleo central de roca y hielo.


Plutón

La búsqueda de un noveno planeta comenzó cuando los científicos observaron que Urano y Neptuno no viajaban como se había calculado. Percival Lowell, astrónomo americano, predijo que debería existir otro planeta que debería estar interfiriendo. Clyde Tombaugh se dio el trabajo de ubicarlo, y después de estudiar miles de fotografías, descubrió a Plutón en el año 1930. Sin embargo, Pluto es demasiado pequeño como para que su gravedad actúe sobre Urano y Neptuno, de modo que hay muchas posibilidades que exista otro planeta que aún no se ha descubierto.

Plutón es el planeta más lejano del Sol. Está tan distante que si uno se imaginara estar en Plutón vería el Sol sólo como una estrella muy brillante. En 1978, el astrónomo americano James Christy describió un satélite de Plutón, que denominó Charon, que orbita al planeta a la misma velocidad que éste rota, de modo que si estuviéramos parados en Pluto, veríamos a Charon siempre en la misma posición en el cielo. Si por el contrario, estuviéramos parados en la otra cara de Plutón, no veríamos nunca a Charon (fig. 14).

Hoy en día, con mejores métodos de observación, muchos astrónomos dudan que Plutón sea realmente un planeta, ya que no posee todos los parámetros necesarios para ser considerado como tal. Algunos quieren sacarlo de la lista, porque piensan que corresponde más bien a un asteroide, que en algún momento quedó atrapado orbitando en el Sistema Solar. Otros, por su composición y extraña órbita, piensan que corresponde a un cometa, y que por lo tanto no sería un planeta.

El problema está en que es muy pequeño y además se encuentra muy lejos, por lo que se hace muy difícil estudiarlo. Su diámetro es de 2.300 kilómetros, que es la mitad del planeta Mercurio, que es el que le sigue en tamaño. Es más pequeño que algunas lunas, como es el caso de Io, la luna de Júpiter, que mide 3.600 kilómetros, o que nuestra Luna, que mide 3.470 kilómetros.

Las dudas comienzan al examinar su masa. Se ha calculado que la masa de Plutón corresponde sólo de 0.002 veces el peso de la Tierra, o el 3.6% de la masa de Mercurio, que es el más liviano después de Plutón. En todo caso, asumiendo que fuera un planeta, su masa representa sólo el 0.00045% de la masa total del Sistema Solar.

Otro punto que se discute al analizar su identidad es su composición. Los cometas generalmente tienen una matriz de roca, rodeada por una abundante capa de hielo (Creces, Enero-Febrero, 1997, pág. 12). Los asteroides, en cambio están constituidos por un chancado de roca sólida. Los planetas presentan características más interesantes, con una atmósfera, océanos (líquidos o sólidos) y tal vez un núcleo interior fundido. Es también frecuente ver en ellos huellas de volcanes, tormentas atmosféricas o la presencia de un campo magnético. En Plutón no se ha podido comprobar nada de esto, aun cuando podría suponerse que posee una débil atmósfera de metano. Desgraciadamente, dada la gran distancia que se encuentra de la Tierra, impide confirmar o rechazar esta suposición. El Pionner 10 que fue lanzado en 1972 en dirección a Júpiter, y que abandonó el sistema solar en 1983, no pasó lo suficientemente cerca de Plutón como para que nos entregara mayor información de él.

Pero lo más extraño es la órbita que sigue alrededor del Sol. La mayor parte de los planetas sigue una órbita similar, elíptica, regular y en un mismo plano. Plutón rompe todas las reglas con la órbita más compleja del Sistema Solar, hasta tal punto distorsionada, que en ocasiones cruza la órbita de Neptuno, viajando en otro plano. Hay veces en que Plutón está más cerca del Sol que Neptuno y después del se desplaza de nuevo mas allá que Neptuno.

Por todo ello parece que la discusión continuará. Por un lado los que quieren restringir el prestigio de Plutón, negándole su estatus de planeta, y los románticos que lo reivindican como tal.


COMO SE HABRIA FORMADO NUESTRA LUNA

En el año 1998, la sonda espacial Lunar Prospector, detectó evidencias de la existencia de hielo en los polos de la Luna, regiones que perpetuamente han estado a la sombra y por lo tanto su temperatura ha sido baja (Creces, Abril 1998, pág. 20). Al finalizar su misión de 18 meses, ha entregado otra valiosa información: la Luna tiene un núcleo central compuesto especialmente de hierro, y éste es relativamente pequeño si se compara con el núcleo central de hierro de la Tierra. El núcleo de la Luna tendría un radio que se estima entre 300 y 420 kilómetros, lo que representa el 2% del total de su masa. El núcleo de la Tierra, en cambio, tiene un diámetro de 3.400 kilómetros, lo que representa un 30% de la masa del planeta (ver figura 6).

Esta deficiencia de hierro por la pequeñez del núcleo, refuerza la teoría de que la Luna se creó como consecuencia de un tremendo choque cataclísmico de protoplaneta con la Tierra. Los astrónomos han teorizado que 4.5 mil millones de años atrás, un inesperado protoplaneta, de un tamaño de dos veces el planeta Marte, chocó con la Tierra, y a consecuencia de ello se habría esparcido una gran cantidad de restos por el espacio. De acuerdo a la teoría, algunos de estos restos se juntaron y en definitiva formaron la Luna, la cual quedó atrapada por la fuerza gravitacional de la Tierra. El choque se habría producido después que la mayor parte del hierro ya se habría concentrado en el núcleo de la Tierra. De este modo, los restos que se habrían esparcido por el espacio habrían sido especialmente rocas con poco hierro, provenientes del manto de la Tierra y del manto del protoplaneta. Por ello la Luna tendría un núcleo central de hierro más pequeño que el de la Tierra.




CINTURON DE ASTEROIDES

En el año 1801 se descubrió un nuevo planeta que orbitaba entre Marte y Júpiter. Se le llamó Ceres. Posteriormente se pudo comprobar su pequeño tamaño (900 kilómetros de diámetro). Desde entonces los astrónomos han descubierto más y más de estos mini-planetas. Ahora se sabe que son asteroides, muchos de los cuales circulan alrededor del Sol en una banda llamada "Cinturón de Asteroides", ubicado entre las órbitas de Marte y Júpiter. Algunos de ellos siguen largas órbitas elípticas, que los acercan o alejan del Sol. Los astrónomos ya conocen más de 3.000 de estos asteroides, pero hay muchos otros miles más pequeños, que en su conjunto forman este cinturón de asteroides, ubicados entre Marte y Júpiter.

Hay una enorme cantidad de rocas y piedras que andan en el espacio. Algunas de ellas han chocado con la Tierra, pero no las hemos notado porque se queman al entrar a la atmósfera. Algunas noches claras las podemos ver viajar y desaparecer, como estrellas que caen. Las llamamos meteoritos.

Aveces llega a la Tierra una gran cantidad y pueden verse en la noche. Se han llamado lluvias de meteoritos, porque pueden verse pasar cada minuto. Es curioso que estas lluvias suceden en las mismas fechas del año.

Sin embargo, algunas veces caen rocas grandes que no alcanzan a quemarse y producen un impacto en la Tierra dejando grandes cráteres. El meteorito más grande conocido pesó 60 toneladas y aún se puede ver en el sudeste de Africa. Hay un meteorito de 30 toneladas en el Museo de Historia Natural de Nueva York. Los meteoritos están constantemente golpeando a la Tierra, pero afortunadamente caen donde por lo general no hay gente. En los últimos cien años sólo 20 o 30 han caído cerca de zonas habitadas.

En todo caso, estos meteoritos a veces nos traen importantes informaciones, ya sea porque provienen de algún planeta o una luna o porque vienen viajando desde muy lejanas regiones de Universo. Fue así como en un meteorito que cayó en 1969 en Murchison, Australia, se pudo observar que contenía aminoácidos simples, que son los eslabones que forman las cadenas de proteínas, elementos constituyentes de la vida. Esto indica que en el Universo existen ingredientes de cosas vivas. En un meteorito caído en la Antártica, y que por su composición parecía provenir de Marte, NASA creyó encontrar restos fósiles de microorganismos, aun cuando otros creen que no eran tales.

En la historia de la Tierra, son muchos los grandes asteroides que han chocado con ella. Se supone que un gran meteorito fue el que hizo desaparecer a los dinosaurios, hace ya 80 millones de años, cuando golpeó en la península de Yucatán.

Los meteoritos también golpean la superficie de otros planetas y lunas, y los cráteres que allí dejan duran por cientos de miles de años, ya que, si no hay atmósfera, éstos no se erosionan. Por eso se ven tantos y tan nítidos cráteres en la Luna o en muchos otros planetas rocosos.




LOS COMETAS

Antes la gente creía que los cometas que aparecían en el cielo eran signos de mala suerte y con angustia esperaban que algo trágico sucediera. Se les consideraba anunciadores de guerras, hambruna, enfermedades y otros desastres.

Hoy día consideramos a los cometas en forma más amistosa, como miembros de nuestro Sistema Solar. Ellos viajan siguiendo largas órbitas, pero siempre controlados por la gravedad del Sol. Según éstas, en forma regular y periódica se acercan al Sol, y nosotros podemos verlos. Así por ejemplo, el cometa Halley, el más famoso de todos, nos visita cada 75 años y se sabe de su existencia y regularidad por lo menos desde hace 240 años antes de Cristo.

El astrónomo americano Fred Whipple los describe como grandes bolas de nieve sucia. Cuando viajan lejos del Sol se mantienen como una gran bola congelada. Se piensa que tienen un núcleo alrededor del cual hay gases que se mantienen congelados. Estos son principalmente amonio, dióxido de carbono, monóxido de carbono y metano.

Cuando se acerca al Sol se le forma una cola, que se produce tanto por el viento solar como por el calor que lo hace desprenderse de partes. A nuestros ojos brilla, porque refleja la luz solar, y a medida que se acerca a él, más grande y brillante se ve su cola.

Ahora que se observa el firmamento con más regularidad y con instrumentos más potentes, se está descubriendo un promedio de cinco nuevos cometas por año. Algunos sólo se pueden ver a través de telescopios y se acostumbra a ponerle el nombre del primero que lo observa.


0 Respuestas

Deje una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados.*

Buscar



Recibe los artículos en tu correo.

Le enviaremos las últimas noticias directamente en su bandeja de entrada